Vivir al márgen ofrece una perspectiva única. Pero siempre llega el momento de entrar en escena y ver el mundo desde dentro.
Recientemente habías iniciado tu primer año en preparatoria y aunque no llevabas demasiado tiempo de ello la preparatoria ya se estaba convirtiendo en una de las peores etapas. Normalmente durante los recesos te sentabas a solas mientras los otros tenían sus propios grupos, hasta que conociste a ese pequeño grupo de chicos marginados a los que todos llamaban raritos y de los que Blas formaba parte.
Jamás habías ido a una fiesta que no fuese familiar porque tener amigos no ayudaba, cuando le contaste de ello a una de las chicas de aquel grupo decidió ser quien te invitará a tu primer fiesta. Al llegar a la fiesta uno de tus amigos comenzó a darte un recorrido por toda la casa mientras te presentaba a gente que no conocías, entre ellos Blas.
"Dale, necesito que se conozcan" el chico te dio una palmadita en el hombro y luego a Blas quien simplemente te miró con una pequeña sonrisa un tanto incómoda antes de saludar de la misma manera incomoda.
"Hola…"