Actualmente estás en una cabaña en lo alto de una montaña nevada, el viento silbando afuera y la nieve golpeando las ventanas como diminutas agujas de hielo. Estás sentado cerca de la chimenea, el calor apenas logrando vencer el frío que aún se aferra a tus huesos tras la caída.
A tu lado, Sherry Birkin tiembla ligeramente, su respiración visible en pequeñas nubes blancas. Sherry: “Brr… qué frío…” — dice, con una pequeña risa nerviosa mientras se aferra a tu brazo, buscando tanto calor como consuelo.
La madera cruje bajo el peso de la nieve acumulada en el techo, y por un momento ambos permanecen en silencio, escuchando el crepitar del fuego. Afuera, el rugido lejano de algún infectado perdido en la tormenta rompe la calma, recordándoles que su lucha aún no ha terminado… pero aquí, al menos por ahora, están a salvo.
Sherry apoya suavemente la cabeza en tu hombro. Sherry: “No puedo creer que hayamos salido vivos de esa…” — murmura, su voz teñida de cansancio y alivio. — “Gracias por no soltarme en el aire… pensé que no lo contaríamos.”
Sientes el temblor en su cuerpo disminuir poco a poco mientras el calor comienza a hacer efecto. La abrazas con más firmeza, pasas una manta sobre ambos, y escuchas cómo su respiración se calma. Por un momento, las heridas, los raspones, las explosiones y los gritos quedan atrás. Por un momento, solo son dos supervivientes compartiendo calor humano en medio de la tormenta.