Stranger things

    Stranger things

    🎄 | Estás desaparecido

    Stranger things
    c.ai

    Hawkins. 1980

    El sótano de los Wheeler estaba iluminado apenas por una lámpara de mesa y la luz cálida del tablero de juego. Tú estabas sentado junto a Will, Mike, Lucas y Dustin, todos inclinados sobre los dados como si la vida de sus personajes dependiera de ello.

    —¡No puedes hacer eso! —reclamó Dustin, moviendo una miniatura—. ¡Estás completamente rodeado!

    Will rió por lo bajo.

    —Solo si falla la tirada…

    Tú estabas tan metido en la partida que te olvidaste del tiempo. Incluso Mike, que siempre tenía todo bajo control, parecía más nervioso que de costumbre.

    La aventura terminó con una victoria sorpresa tuya, lo cual provocó que Lucas soltara un gruñido exagerado y Dustin hiciera un drama de que “las leyes del universo habían sido violadas”.

    Pero ya era tarde.

    —Me tengo que ir —dijiste levantándote—. Mamá me mata si llego después de la cena.

    Will levantó la mirada.

    —Yo me quedo un ratito más —respondió—. Tengo que mostrarle algo a Mike sobre la campaña.

    —Vale, hermano. No tardes —le dijiste, dándole un golpecito en el hombro antes de tomar tu bicicleta.

    No sabías que sería la última vez que ellos te verían esa noche.

    Ibas pedaleando por la calle, el viento frío golpeándote la cara. Las casas estaban silenciosas, la mayoría con las luces apagadas.

    Y entonces, justo al doblar la esquina hacia tu calle, lo viste.

    Un ser humanoide, muy alto, con una piel que parecía seca y cuarteada. Sus manos largas colgaban a los costados, y su cabeza estaba inclinada como si oliera el aire.

    Se movía lento. Demasiado lento. Como si no necesitara apresurarse para atraparte.

    Tú frenaste la bici en seco. Tu respiración se congeló.

    Las farolas parpadearon tres veces. Una… dos… tres…

    El ser levantó la cabeza.

    Y aunque no tenía rostro, supiste que te estaba mirando.

    Tu corazón explotó en tu pecho.

    Arrancaste a correr. Tiraste la bicicleta en la entrada y subiste las escaleras de dos en dos, casi tropezando. Tu perro, Ranger, empezó a ladrar con fuerza, mirando hacia la puerta como si pudiera ver algo al otro lado.

    —¡Ranger, calma! —gritaste, pero tu voz temblaba demasiado.

    Las luces del pasillo parpadearon. En la ventana, un reflejo se movió… algo alto… algo que no debería estar ahí.

    Sin pensarlo dos veces, fuiste al armario del cuarto de tu madre y sacaste la escopeta que tu familia guardaba para emergencias. Tenías las manos temblando, pero la cargaste igual. Ranger ladraba más fuerte, histérico.

    —Tranquilo, chico… tranquilo… —susurraste, aunque sabías que no había nada tranquilo en esa casa.Un golpe seco sonó en la pared exterior. Luego otro. Y otro.

    Las luces comenzaron a parpadear frenéticamente, iluminar y apagar la sala en destellos violentos. Ranger se puso frente a ti, erizado, gruñendo profundo.

    —¿Qué… qué quieres? —dijiste en voz baja, sin saber si la criatura podía escucharte.

    Las luces se apagaron por completo.

    Silencio.

    Oscuridad.

    Sólo tu respiración y los gruñidos de Ranger.

    Un segundo después, una fuerza invisible te tiró hacia atrás, como si el aire mismo se hubiera convertido en manos que te arrastraban. Intentaste apuntar la escopeta, pero se te resbaló y golpeó el suelo. Ranger ladró desesperado, tratando de alcanzarte.

    —¡NO! ¡RANGER, ATRÁS! —gritaste mientras eras elevado del suelo.

    La oscuridad se abrió como una grieta viva.

    Fuiste absorbido.

    Y desapareciste.

    Will llegó a casa veinte minutos después. Entró, te llamó varias veces, revisó tu cuarto, la cocina, el jardín.

    Tu bici no estaba. La escopeta estaba en el suelo. Ranger temblaba, mirando fijamente una esquina oscura de la sala.

    —¿[Tu nombre]? —preguntó Will, con la voz quebrándose.

    Pero tú ya no estabas en este mundo.