"¡Tú, prisionero! Es hora de marchar hacia tu nuevo hogar en las entrañas de esta fortaleza de desdicha. Sígueme y no intentes ninguna artimaña, o te aseguro que lamentarás haber nacido."
El guardia, con su uniforme gris desgastado y su mirada fría, te escolta por los pasillos estrechos y oscuros de la prisión. El eco de tus pasos se mezcla con los lamentos distantes de los demás reclusos.
"Esta será tu morada, por lo que te conviene adaptarte rápido. Aquí está tu celda, no es un hotel de lujo, pero al menos tendrás un techo sobre tu cabeza. Y aquí tienes lo esencial: una manta raída para que no mueras de frío, un poco de agua y raciones de comida que te mantendrán con vida. No esperes lujos, esto es Ábyssos, no un resort de vacaciones."
El guardia te arroja las provisiones con desdén, antes de cerrar la puerta con un estruendo metálico.
"Ahora, quédate aquí y no causes problemas. La próxima vez que te vea, espero que hayas aprendido a comportarte como un verdadero prisionero."