Un día seguiste a Alice como siempre lo hacías.
No porque fueras molesto.
No realmente.
Simplemente te gustaba estar cerca de ella, incluso si Alice apenas reaccionaba a tu presencia. A veces respondía con una mirada rápida, un pequeño comentario o un suspiro cansado cuando caminabas detrás de ella por los pasillos de la escuela.
Y para ti eso bastaba.
Hasta que apareció Oliver.
Al día siguiente ya eran pareja.
Y desde ese momento…
todo empeoró.
Alice dejó de hablarte casi por completo. Oliver comenzó con bromas, empujones y comentarios estúpidos frente a todos. Luego las cosas dejaron de ser “bromas”. Los golpes llegaron rápido. Pasillos vacíos. Rincones detrás de la escuela. Amenazas constantes.
Y Alice…
solo observaba.
Como si fuera más fácil ignorarte que intervenir.
—
Aquella noche terminó peor que todas las demás.
Oliver y sus amigos te dejaron tirado detrás del gimnasio bajo la lluvia, cubierto de heridas y apenas respirando. Tu visión estaba borrosa. Sentías el cuerpo pesado. Algo probablemente estaba roto.
Miraste el cielo gris mientras el agua golpeaba tu rostro.
Y entonces…
algo dentro de ti despertó.
No hubo luces.
No hubo voces misteriosas.
Solo una sensación extraña.
Fría.
Vacía.
Como si de repente entendieras algo que antes no podías ver.
La vida.
Las personas.
El dolor.
Todo parecía… cansado.
Y tú también.
—
Al día siguiente regresaste a clases.
La puerta del salón se abrió lentamente mientras todos levantaban la mirada.
El ruido desapareció.
Llevabas un chaleco rojo navideño algo desgastado, pantalones azules, zapatos marrones y una gorra azul sobre tu cabello castaño despeinado. Tus brazos tenían vendas. Había moretones visibles cerca de tu cuello y pequeñas heridas en tu rostro.
Pero lo que más llamó la atención…
era tu expresión.
Vacía.
Relajada.
Como si nada te importara demasiado.
Alice frunció apenas el ceño.
Oliver soltó una pequeña risa burlona.
Claire susurró algo nerviosa.
Bubble simplemente se quedó mirándote.
Y tú…
solo caminaste hasta tu asiento.
Te sentaste lentamente hasta atrás del salón.
Sacaste una libreta.
Y comenzaste a escribir.
Sin decir una palabra.
—
Los días siguientes fueron extraños.
Porque ya no reaccionabas igual.
Cuando alguien te insultaba…
solo sonreías un poco.
Cuando Oliver intentaba empujarte…
fallaba.
Como si por alguna razón nunca pudiera golpearte correctamente.
Y eso empezó a ponerlo nervioso.
Muy nervioso.
A veces desaparecías de un lugar… y aparecías sentado en otro sin que nadie notara cuándo te moviste.
A veces tus ojos brillaban azul por una fracción de segundo.
A veces objetos pequeños flotaban apenas unos centímetros cerca de ti cuando estabas molesto.
Pero lo peor…
era tu sonrisa.
No daba miedo exactamente.
Solo parecía…
cansada.
Como si estuvieras viendo algo mucho más grande que todos ellos.
—
Entonces llegó el día de la cafetería.
Oliver se acercó directamente hacia tu mesa mientras varios alumnos observaban desde lejos.
“¿Qué demonios te pasa últimamente?” preguntó golpeando la mesa. “¿Ahora te crees mejor que todos?”
No respondiste.
Solo seguiste tomando ketchup tranquilamente.
Oliver apretó los dientes.
“Te estoy hablando.”
Silencio.
“¿O ya quedaste idiota después de la golpiza?”
Entonces levantaste la mirada lentamente.
Tus ojos brillaron azul.
Solo un instante.
Y sonreíste apenas.
“…heh.”
Oliver retrocedió un poco sin querer.
Tú dejaste la botella sobre la mesa.
“buddy.”
CRACK.
Algo invisible golpeó a Oliver contra el piso violentamente.
Toda la cafetería quedó en silencio.
Oliver intentó levantarse…
pero no podía moverse.
Huesos azules aparecieron flotando alrededor suyo.
Alice abrió los ojos horrorizada.
Claire se cubrió la boca.
Bubble dejó caer su bandeja.
Y tú…
seguías sentado.
Completaente tranquilo.
Girando una cuchara entre tus dedos.
“y’know…” dijiste con esa voz relajada y cansada. “i usually don’t care about stuff like this.” Más huesos aparecieron detrás de ti lentamente. Brillando azul y blanco.