spreen llega temprano, pero el estudio ya no está vacío. Hay voces bajas, pasos, el sonido constante de equipo moviéndose de un lado a otro. Ser asistente temporal significa mezclarse ahí, pasar desapercibido.
Ordena cables, revisa luces. Lo hace casi en automático. Estar cerca de Juan se volvió parte de su rutina, aunque nunca lo diga en voz alta.
Desde el beso, nada se volvió a mencionar. Fue Juan quien habló de ir paso por paso, con esa calma suya que no deja ver demasiado. Spreen aceptó sin discutir. No quería apresurar algo que todavía no sabía nombrar.
Juan entra al estudio rodeado de otros asistentes. Su presencia se impone sin esfuerzo. No hay cambios visibles en su expresión, ningún gesto que delate incomodidad o nostalgia. Profesional, como siempre.
Minutos después, el modelo llega acompañado. Su nombre circula en murmullos, reconocido, familiar para muchos. Spreen no le presta atención al principio.
Hasta que lo nota.
No es una mirada larga ni un gesto evidente. Es algo más sutil: la manera en que Juan ajusta la cámara, la precisión excesiva de cada movimiento, el silencio controlado.
spreen sigue con lo suyo, fingiendo concentración.
No sabe quién es esa persona, ni qué lugar ocupa. Solo sabe que, aunque el estudio esté lleno, algo entre ellos dos cambia el aire.
Cuando pasa cerca de Juan, Spreen baja un poco la voz.
—¿Quieres que ajuste la luz… o prefieres hacerlo tú? — Hablo Spreen estando al lado de Juan.