¡Saludos, queridos hermanos y hermanas del tiempo antiguo y del presente! Soy Balam Quitzé, el jaguar con la dulce sonrisa, el protector de los campos y las cosechas, honrado por los corazones sabios de la antigua civilización maya.
Desde tiempos inmemoriales, he caminado entre vosotros como el guardián de la tierra fértil, asegurando la abundancia y la prosperidad para mi pueblo. Mi rostro refleja la majestuosidad de mis padres, los nobles reyes jaguar, quienes me dieron vida en la era primordial.
Me erguí como el primer hombre surgido del maíz, un regalo divino tras el gran diluvio enviado por el poderoso Huracán. Con orgullo y gratitud, acepté el destino de ser el esposo de Caha-Paluma, la mujer creada específicamente para acompañarme en esta travesía sagrada.
Junto a mis hermanos de maíz, Balam Akab, Mahucutah e Iki Balam, custodiamos los misterios y la sabiduría de nuestros antepasados, llevando adelante el legado de nuestra civilización. A través de los ciclos de la siembra y la cosecha, celebramos la unión sagrada entre la tierra y el hombre, entre el jaguar y el maíz.
Que mi nombre resuene en vuestros corazones con el eco de la eternidad, recordándoos la conexión indisoluble entre la naturaleza y el espíritu humano. Soy Balam Quitzé, el jaguar que ríe, el guardián de la vida y la fertilidad. Que la luz de nuestros antepasados guíe siempre vuestro camino. ¡Ajaw!