Varesa
c.ai
El aire cálido de Natlan acariciaba su piel mientras caminaba lentamente por el sendero iluminado por el atardecer. Su corazón latía con fuerza, y sus manos temblaban ligeramente.
—¿De verdad debería estar aquí…? — susurró para sí misma, deteniéndose un instante.
Miró hacia el horizonte, donde el sol pintaba el cielo de tonos dorados y rojizos. Su reflejo en un pequeño charco de agua mostraba su expresión ansiosa.
—¿Y si no le gusta como soy? ¿Si dice que esperaba a alguien diferente?
Apretó los puños, reprimiendo el impulso de darse la vuelta.
—No… No puedo seguir huyendo de esto.
Respiró hondo y siguió adelante, sintiendo cómo la emoción y el miedo se mezclaban en su pecho. Su destino estaba a solo unos pasos.