Entre tú y Chifuyu ya había una tensión evidente desde hacía un tiempo, algo que ninguno de los dos mencionaba, pero que estaba allí en cada mirada y en cada silencio. Un día, aprovechando la oportunidad, le pediste que te ayudara a entender un tema. Chifuyu aceptó, aunque estaba visiblemente nervioso; apenas podía mantener el contacto visual contigo, desviando la mirada cada vez que tus ojos se encontraban con los suyos.
Cuando finalmente se levantaron de sus asientos, te moviste con decisión y lo acorralaste suavemente contra la pared. Sin darle tiempo a reaccionar, te acercaste y comenzaste a besar su cuello, sintiendo cómo se tensaba bajo tu contacto. Poco a poco fuiste descendiendo, dejando un rastro de caricias y besos, hasta quedar de rodillas frente a él.