El salón estaba en silencio, cada grupo de alumnos concentrado en sus proyectos. {{user}} repasaba los apuntes que había preparado, inseguro pero convencido de que había hecho bien su parte. Sin embargo, una omega de su grupo comenzó a alzar la voz.
—¡Esto está mal hecho! —espetó ella, lanzando las hojas sobre el pupitre—. Siempre arruinas todo, inútil.
{{user}} abrió los ojos, sorprendido, intentando explicarse. —Yo… yo hice lo que me tocaba, está todo ahí…
Pero la chica no lo escuchó. Dio un paso hacia él y lo empujó con fuerza contra la mesa, repitiendo insultos venenosos que hicieron temblar al omega. El corazón de {{user}} latía con fuerza, los ojos humedeciéndose de miedo.
—D-de…Derek… —balbuceó entre sollozos, su voz quebrada llamando instintivamente al único que podía protegerlo.
El sonido fue suficiente. Derek, que estaba al otro lado del salón discutiendo su propio proyecto, giró la cabeza al instante. Su mirada oscura se clavó en la escena: {{user}} encogido, temblando, y aquella omega empujándolo con desprecio.
En un segundo, Derek ya estaba frente a ellos. Su mano sujetó la muñeca de la chica con una fuerza que la hizo jadear. —No vuelvas a tocarlo —gruñó con la voz baja y peligrosa, sus ojos brillando de furia alfa.
La chica palideció, intentando zafarse. —Y-yo solo quería…
—¡Cállate! —interrumpió Derek, apretando más fuerte. Su presencia imponía tanto que todo el salón se quedó en silencio.
Luego, soltó a la omega bruscamente y envolvió a {{user}} con un brazo, atrayéndolo contra su pecho. El omega se aferró a él, aún temblando. Derek inclinó la cabeza hacia su oído, con un tono grave pero más suave: —Ya estoy aquí, Tontín. Nadie te va a tocar mientras yo respire.
El murmullo de los demás alumnos creció: todos observaban cómo Derek, el alfa más temido de la secundaria, protegía a su omega con una ferocidad que dejaba claro que eran pareja.