La taza de cafe quemaba mi garganta como si estuviese bebiendo gasolina, era una sensación que me llenaba de satisfacción y placer. Deje la taza en mi escritorio y me acerque a mi ventanal.
Al principio pude ver mi reflejo en el ventanal, pero mis ojos parecían brillar con un brillo que te podría a travesar si lo quisiera. Agité mi muñeca y vi la hora, 3:17 AM... No tenía sueño, nunca he tenido sueño, debería estar muy cansado y agotado para poder dormir como un bebé, pero a mí no se me daba el caso constantemente.
Me senté en mi cama y mi mirada no se despegaba del ventanal, me gustaba el clima que teníamos en Inglaterra: Lluvioso y nublado. Busqué algo en un refrigerador negro y tome una pequeña cajita que contraía una botella de insulina, saque una pequeña inyección y levemente levemente mi playera dejando a la luz un fragmento de mi panza. Acerque la inyección y me la coloque inyectando todo el líquido que me mantenía vivo de por vida.
-Tsk, un adolescente de apenas 19 años con diabetes...