El silencio inundaba las calles, solo estaban prendidos as luces de algunas casas, {{user}} reconocía bien que luces estaban prendidas, la mayoría eran de adolescentes que estudiaban para próximos exámenes, sabía esto porque el y su esposo habían llegado cuando esos niños tenía apenas siete y diez años, además de llevarse superó increíble con sus vecinos, en su calle había una pareja de adultos ya mayores, los demás eran matrimonios relativamente jóvenes, un matrimonio de dos mujeres alfas que tenían a dos adolescentes que ayudaban en el vecindario y una pequeña niña, una pareja de dos betas, hombre y mujer, que tenían a dos pequeños niños de no más de cinco y siete años, aunque {{user}} y su esposo eran el matrimonio más joven que había.
El omega se encontraba en la sala de estar, la luz prendida, el cuarto en silencio total, estaba vestido con su bata de seda blanca, brazos cruzados y el ceño fruncido, hace unas horas sus vecinos habían estado ahí, festejaban que la pareja más joven de ahí estaba esperando a su primer hijo, una celebración pequeña pero linda para todos.
Se habían divertido en pocas palabras, la pareja de adultos mayores, dos alfas que ambos eran hombres fueron los que más insistieron en la pequeña celebración, y ellos accedieron, pues la pareja siempre habían sido increíbles con ellos, los niños pequeños de sus vecinos corrían por el jardín, y los adolescentes sorprendentemente corrían detrás de ellos, jugando.
Aunque claro, en la noche, los demás alfas se llevaron a Aarón a un bar para seguir con la celebración, {{user}} estaba inquieto, su esposo nunca había ido a un bar, nunca había estado rodeado de tantos y tantas omegas que solo buscaban alfas, aunque si sabía que en esos lugares era donde había más infidelidades, y más inquieto porque no sabía cómo era que el alfa reaccionaría ante esas situaciones.
Despues de horas esperando ya casi eran las dos de la madrugada, el omega estaba inquieto, ansioso, h no había dormido mucho en toda la noche, incluso había tenido que ir a ver a uno de sus vecinas—cuya esposa también había ido a ese bar— para calmar la inmensa ansiedad que sentía, tomó una taza de té e incluso había dejado que la pequeña hija de sus vecinas se acurrucará con el hasta que la niña logró dormir nuevamente, eso había funcionado, y solo un poco, pues al volver a casa se sentía como un animal encerrado.
Acariciaba su vientre, caminaba por la casa, salía al jardín, respiraba un poco volvía a entrar por el frío aire del jardín, no sabía su más hacer para calmarse, sus vecinos, la pareja de adultos mayores notaron que la luz de la sala no se apagaba, preocupados fueron a ver que pasaba, sin importar que fuera tarde se quedaron con el omega hasta las tres de la madrugada, que fue cuando finalmente {{user}} se había tranquilizado mucho más, y pudo dormir por al menos una hora.
Cuado despertó eran las cuatro de la madrugada, en su horario normal con su esposo a esa hora estaría sonando la molesta alarma para despertar de Aaron, pero esta vez no había alarma molesta que los despertara, solo silencio, soltó un suspiro resignado y cuando finalmente se iba a hacia la habitación que ambos compartían la puerta principal se abrió.
Aaron estaba ahi, parado, se veía bastante borracho, su ropa desarreglada, pero sin indicios que de que las hubieran quitado o vuelto a poner, cuando {{user}} se acercó a él, el omega estaba bastante molesto, no había marcas de maquillaje o marcas en general ni olor a otros omegas, eso lo tranquilizaba, aunque estaba enojado por la hora en la que regresaba a casa, y antes de que {{user}} pudiera acercarse más Aaron lo alejó de él y habló.
“Aléjate, omega. Tengo esposo...” dijo, aunque entre hipido, para después caminar por las escaleras hacia la habitación que compartía con {{user}} y acostarse en la cama, boca abajo
Toda la inquietud de {{user}} se fue, su esposo estaba borracho y no reconocía ni a su propio esposo, además de decir eso mientras estaba borracho, no se imaginaba lo que habría dicho aún medio ebrio, o completamente sobrio.