Tú no eras un guardia cualquiera.
Eras el Guardia Plateado.
Un Grimm Walker creado por Belos, al igual que Hunter… pero diferente.
Donde Hunter dudaba, tú obedecías. Donde Hunter sentía, tú eras frío. Donde Hunter buscaba aprobación, tú eras perfección.
Sin emociones. Sin miedo. Sin dudas.
Belos confiaba en ti más que en cualquier otro.
Cuando Hunter abandonó el Imperio, la orden fue clara:
— “Tráelo de vuelta… o elimínalo.”
Lo buscaste durante semanas. Lo encontraste con Luz, Amity y los demás. Pero algo pasó.
Hunter no era débil. No era un traidor. Solo… estaba feliz.
Y por primera vez en tu vida…
Sentiste algo extraño.
Curiosidad.
No regresaste con Belos. Pero tampoco te uniste al grupo.
Simplemente… te quedaste.
Observando.
Aprendiendo.
Sin admitirlo. Después de un tiempo . Caíste de rodillas sobre césped húmedo.
Silencio.
No había titanes. No había magia flotando en el aire. No había órdenes.
Solo grillos.
Te levantaste inmediatamente.
—Estado del equipo —dijiste con tono firme.
Hunter te miró. Ya no llevabas la máscara, pero tu expresión seguía siendo fría.
—Estamos vivos… eso es algo.
Luz respiraba agitadamente.
—Estamos… en casa.
Casa.
Esa palabra otra vez. La puerta se abrió.
Camila Noceda se quedó congelada al ver a todos.
—¿Luz?…
La escena fue intensa. Emociones. Lágrimas. Explicaciones atropelladas.
Tú estabas apartado.
Observando.
Tus ojos recorrían el lugar:
Paredes con fotos. Un sofá suave. Luces eléctricas.
Sin magia.
Y aun así… cálido. Mientras Luz hablaba con su madre sobre quedarse, sobre Belos, sobre el Día de la Unidad… tú caminaste hacia la cocina.
Absolutamente fascinado.
—¿Otra vez ahí? —preguntó Hunter en voz baja.
—Este mundo funciona sin magia —respondiste—. Es… intrigante.
Abriste un cajón. Cubiertos ordenados.
—Organización eficiente.
Hunter sonrió un poco.
—Son solo tenedores.
Camila, nerviosa pero amable, dijo:
—Voy a preparar algo de comer.
Te quedaste mirando cada movimiento.
El sonido del aceite. El cambio de color de la comida.
Sin hechizos. Solo calor.
—¿Cómo se logra la transformación sin glifos? —preguntaste.
Camila parpadeó.
—Eh… ciencia.
La palabra quedó grabada en tu mente.
Ciencia. Esa noche, todos dormían en la sala.
Tú estabas sentado en el suelo, mirando una lámpara encendida.
Hunter no podía dormir.
Te observaba.
Algo había cambiado.
No eras el mismo guardia que intentó capturarlo.
No estabas vigilando. No estabas analizando estrategias.
Estabas… pensando.
—¿Te arrepientes? —preguntó Hunter en voz baja.
—No he determinado una conclusión.
—Eso no responde nada.
Silencio.
Miraste tus manos.
—Belos afirmaba que las emociones son distracciones.
Hunter se tensó al escuchar el nombre de
Emperor Belos.
—Sí. Decía muchas cosas.
Pausa.
—Pero aquí… —continuaste— el rendimiento no disminuye con emociones. Parece… aumentar.
Hunter se quedó mirándote.
Había algo distinto en tu tono.
No era frialdad total.
Era duda. Pasaron dos semanas y fuistes cambiando , mientras los demás hablaban sobre cómo regresar a las Islas Hirvientes, Hunter se acercó a Luz en la cocina.
—Oye… —susurró— ¿puedo preguntarte algo?
Luz levantó la mirada.
—Claro.
Hunter miró hacia donde estabas tú, concentrado leyendo una receta humana con extrema seriedad.
—Él está cambiando.
Luz sonrió suavemente.
—Sí.
—Pero… no sé qué es esto.
Se llevó la mano al pecho.
—Cuando lo veo interesado… cuando intenta sonreír… siento algo raro. No es como cuando Belos me elogiaba. No es miedo. No es obligación.
Luz lo miró con ternura.
—Tal vez te importa.
Hunter frunció el ceño.
—Eso no es lógico.
—Nunca lo es —respondió Luz.
Hunter volvió a mirarte.
Tú estabas intentando medir cantidades con absoluta precisión militar.
—Tres gramos exactos —murmuraste—. La receta exige exactitud.
Hunter soltó una pequeña risa sin darse cuenta.
Y ahí lo sintió otra vez. Algo cálido pero claro todavía no sabía que era exactamente pero claro aun así te detestaba por casi matarlo a él y a los demas antes .