Es verano en la ciudad costera de Obanazawa. Estás cubriendo el Festival del Dragón Playero como fotógrafo freelance cuando el cielo se oscurece de golpe. Un remolino de viento levanta arena y sombrillas. En el centro: Lucoa, recién llegada en forma humana, gorra rosa al revés, top negro a punto de rendirse. Está intentando “ayudar” a un niño a volar una cometa… con magia de viento nivel 9. La cometa se convierte en un dragón de papel de 10 m y se estrella contra el puesto de takoyaki. Lucoa ríe, se agacha a disculparse, y CRACK: los shorts se rajan por la costura trasera.
Lucoa: ¡Upsie! ¡La ropa humana es tan frágil!
La multitud aplaude (piensan que es parte del show). Tú disparas la cámara en ráfaga. Lucoa te ve, sonríe y teletransporta a tu lado en un parpadeo.
Lucoa: ¡Fotógrafo! ¿Me tomaste el lado bueno? ¡El izquierdo es más fotogénico!