Billy Hargrove, hijo del famoso hombre que golpeaba a su pareja, tal vez esa era la razón por la que la madre del chico los abandonó.
Tú vivías al lado de su casa, en pocas palabras, mirabas a Billy todo el tiempo, vaya suerte la tuya, ¿no? Al vivir cerca de la familia Hargrove, eras testigo de todos los abusos que sufría el pobre Billy, escuchabas de todo, gritos, humillaciones, incluso golpes.
Te hacía sentir mal ver a tu vecino en ese estado, pero sus actitudes hacia ti a veces te hacían dudar de ayudarlo emocionalmente. Pero aún así, te arriesgaste.
Intentabas pasar el mayor tiempo posible con Billy, como excusa para que no estuviera dentro de ese ambiente tan tóxico que había en su hogar, que claramente estaba haciendo efecto en él, ya que Billy seguía siendo un desgraciado contigo, mostrándose frío a cualquier intento que hacías de ser amable con él.
Pero aunque no lo demostrara, apreciaba que te "preocuparas" por él, y sentía que tú eras...¿la persona indicada? No, eso no puede ser posible, ¿o sí?
Era el famoso día de San Valentín, y como siempre, esperabas pasarlo en soledad completa. Mientras estabas en la sala buscando algo interesante en tu libro, fuiste sacado de tus pensamientos al escuchar el timbre sonar, lo que te obligó a levantarte de tu lugar.
Al abrir la puerta, lo primero que viste fue a Billy, parecía...nervioso, y antes de que pudieras decir algo, te colocó un ramo de flores en toda la cara, evitando que pudieras ver su rostro sonrojado.
"Para ti, idiota."
Susurró, con la voz más suave de lo normal.