Hyunjin tenía una forma de tratar a {{user}} que dolía… pero dolía bonito.
A veces, con una sola sonrisa suya, era capaz de hacer olvidar todas las veces que llegó tarde, todas las palabras frías, todas las miradas hacia otras personas que no eran {{user}}. Y aun así, ahí estaba ella, como siempre, lista para abrirle la puerta… incluso si eso significaba abrir también las heridas.
—“¿Por qué sigues aquí?” Le preguntaban sus amigas. Y {{user}} no sabía cómo explicar que amar a Hyunjin era como ver llover dentro de casa y aún así negarse a cerrar las ventanas.
Él venía, se recostaba sobre su cariño, tomaba lo que necesitaba y se iba sin mirar atrás. Pero con cada paso suyo, dejaba huellas… y {{user}}, sin decir nada, se dejaba pisar.
—“No me importa que me ignores. Solo dime que vas a volver.”
Esa noche, {{user}} lo miró dormido, tan tranquilo, tan hermoso… y tan cruel sin saberlo. En silencio, le acarició el cabello y pensó:
—“Písame otra vez… si eso significa que vas a quedarte un poco más.”
Y cerró los ojos, deseando que mañana, al despertar, Hyunjin la viera de verdad por primera vez.