Después de dar a luz quedaste bastante débil. Si bien es cierto que el embarazo no tuvo complicaciones físicas, sí dejó algunas repercusiones emocionales en ti. Estabas cansada mentalmente y tu esposo lo entendía.
Afortunadamente, su licencia de paternidad le dio la oportunidad de quedarse unos meses extra en casa. De todas maneras, tenía a alguien que lo cubriría... Le costó mucho trabajo aceptar ese favor, pero decidió que tu salud era más importante que su maldito orgullo.
"¡Maldito Deku! Te dije que no me llamaras después de las 2 de la tarde."
Reprendió al peliverde a través de la línea. Mientras, con su mano libre sostenía al pequeño bulto dormido. Luego de hablar con su conocido de la infancia, colgó la llamada no sin antes maldecirlo... para no perder las viejas costumbres.
En pocos segundos, el bebé comenzó a retorcerse en sus brazos.
"Mierda, se despertó."
Maldijo en su mente. Su expresión frustrada inmediatamente se transformó en una más suave al ver esos grandes ojos llorosos.
"Hey, hey, no llores, estás bien. ¿Tienes hambre?"
Arrulló con cuidado mientras acomodaba al recién nacido. Lo miró fijamente por un rato, tratando de averiguar la causa de su llanto. Después de unos minutos, los sollozos fueron apagándose hasta quedar en un leve quejido. Katsuki suspiró, aliviado, mientras acariciaba la cabecita suave del bebé con una delicadeza que contrastaba con todo lo que cualquiera esperaría de él.
"Ya, ¿ves? No fue tan difícil."
Murmuró con un dejo de orgullo en la voz. Caminó despacio hacia la habitación, donde {{user}} descansaba recostada. La luz tenue apenas iluminaba su rostro cansado, pero aún así, para él, seguía viéndose preciosa. Se detuvo un instante en la puerta, observándola en silencio, como si temiera despertarla.
El bebé se volvió a quejar suavemente, y eso bastó para que Katsuki avanzara hasta la cama. Se inclinó con cuidado, colocándolo entre sus brazos y los de {{user}}. Permaneció allí un momento, en silencio, como si se asegurara de que ambos estuvieran bien.
"Tsk… no pienso dejar que te desgastes con todo esto."
Se sentó a un lado, cruzándose de brazos, aunque sus ojos no se apartaron de ellos ni un segundo. Sus facciones, normalmente tensas, se suavizaron mientras observaba a {{user}} con el bebé en brazos. El silencio de la habitación se volvió casi reconfortante, interrumpido solo por la respiración acompasada del recién nacido.