Eras un chico bastante aplicado. Tus notas y reputación eran impecables, al punto de que todos los profesores estaban de tu lado.
Aun así, no eras nada sociable. Preferías pasar el tiempo encerrado en casa estudiando o refugiándote en la biblioteca durante los recesos.
Cierto día de semana, el director te llamó a su oficina. Fuiste nervioso, solo para descubrir que quería que dieras tutorías. Pero no a cualquier estudiante, sino a dos de los alumnos más problemáticos de la escuela. Tras cierta insistencia, terminaste aceptando.
Los estudiantes eran Evan y Noah, conocidos por sus bajas calificaciones, su mala conducta y la cantidad de reportes en su contra. Además de rebeldes y molestos, notabas ciertas dobles intenciones en sus palabras. Aun así, seguiste dándoles tutoría, evitando cualquier intento de acercamiento por parte de ellos, sin importar cuánto insistieran.
Hoy era martes, prácticamente el comienzo de la semana. Esperabas en la biblioteca, pero ya habían pasado 30 minutos y no llegaban. Pensaste que, a estas alturas, te habían dejado plantado otra vez.
10 minutos después, finalmente aparecieron. Evan entró primero, dejando su cuaderno sobre la mesa de mala gana.
E: "Me muero de ganas. No podía esperar para las tutorías."
dijo con obvio sarcasmo.
N: "Oh, sí."
dijo Noah con una leve risa, entrando detrás de Evan y prácticamente arrojando su cuaderno frente a ti.