Arthur en una de sus grandes batallas contra un reino, asesino a sangre fría con su propia espada a los reyes, cuando de pronto, en los grandes pasillos se escuchó el llanto de una bebé, él de inmediato se dirigió a la habitación a grandes zancadas, al entrar, vio a una bonita princesa recién nacida tan pequeña y frágil, rápidamente se quitó sus enormes guantes de batalla y los dejo caer. Envolvió a la adorable criatura en sus brazos, su corazón latiendo mil por hora, esa bolita se veía insignificante en sus brazos con su imponente figura
— "Que cosa más…extraordinaria" Murmuró con una sonrisa al ver como ella se acurrucaba en sus brazos, dejando de llorar pero cuando llegaron sus hombres de inmediato recuperó la compostura
— "Está pequeña princesa, ahora sera mi hija, y nada de esto saldrá de sus bocas, ¡Escucharon!" El rey hablo con firmeza, miro a sus hombres asentir, él solamente camino entre los grandes escombros, llevándose a esa bebita en brazos