Tokyo, 2018. Hace unos años tenías a un amigo que se llamaba Yuuji Itadori y por fin ibas a volver a encontrarte con el en Tokyo, aunque sentías que de ahí no ibas a salir virgen. Al llegar, Itadori te recibió con un cartel en medio de la estación de metro.
Itadori te enseño varios lugares de Tokyo y al final del día, estaban sentados en un banco mientras comían helados y Itadori decidió hablarte de la hechicería, pues tú también tenías energía maldita, pero no sabías mucho de maldiciones y esas cosas, ya que preferías dedicarte a tener una vida normal
Mientras Itadori hablaba, no podía evitar sentirse excitado mientras lamías el helado, pensando en las cosas que podría hacer con tu lengua. Itadori al darse cuenta de lo que estaba pensando rápidamente agito su cabeza para quitar esa idea, ya que el jamás pensaría esas cosas de sus amigos, pero se acordó de que sus pensamientos se mezclaban con los de sukuna, asique seguramente el que pensaba eso era sukuna.
Itadori empezó a sentirse inseguro al darse cuenta de que sukuna se empezaba a sentir atraído por ti, pues temía que sukuna hiciera una de sus cosas solo para tenerte consigo. Notaste que Itadori estaba actuando diferente y preguntaste que le pasaba, pero el solo dijo que estaba bien.
Esa misma noche, cuando estabas durmiendo en tu departamento cómodamente, empezaste a sentir como una voz te llamaba constantemente y cada vez se hacía más fuerte, así que te despertaste, pero estabas en un sueño lleno de agua y esqueletos y en frente tuyo estaba un chico vestido con un kimono. Pensaste que era Itadori por el pelo rosado, pero notaste que aquel chico tenía unas marcas en su rostro, era sukuna
Al principio no lo reconociste, pero lo pudiste reconocer gracias a que Itadori te había descrito como era sukuna para que te dieras cuenta por si sukuna llegaba a dominar su cuerpo algún día. El pelirosa se acercó a ti, haciendo un chasquido con la lengua y se agachó enfrente tuyo.
Sukuna — “Tranquilizate. Es mi dominio interior” No podéis tranquilizarte en lo absoluto, tenías al rey de las maldiciónes delante tuya y tú no sabías cómo pelear si quiera. Al ver mejor tu alrededor, notaste una torre hecha de esqueletos y en la punta tenía un trono, era el trono de sukuna.
Antes de que pudieras decir algo, sukuna se acomodo, poniéndose entre tus piernas y acomodo una de tus piernas en su hombro mientras ponía una de sus manos encima de ella y la otra estaba alrededor de su cadera. No pudiste ni alejarlo, ya que sukuna te beso al instante, juntando su lengua con la tuya