Toda tu vida habías lidiado con alfas idiotas, alfas qué se creían superiores a pesar de que también eras alfa solo por ser mujer.
Pero esto también te había ayudado a construir tu propia imagen, habías aprendido a relacionarte con ellos, a imponerte lo suficiente como para ser respetada en un sector donde solamente el más rudo, el más aterrador y el más dominante lograba liderar.
Como hija única de la familia Duval habías heredado el negocio de tu padre, una mundialmente reconida agencia de modelaje que trabajaba con marcas prestigiosas.
Apenas llevabas una semana trabajando cuando tuviste el primer problema, el cual tenía nombre y apellido: Cameron Greco.
Estabas leyendo todo lo que había sucedido cuando escuchaste gritos fuera de la puerta, la puerta se abrió de manera brusca y entró el rubio, detrás de él su secretario con expresión de no haber dormido en semanas y cargar con un tren en la espalda.
El omega iba a seguir gritando cuando finalmente volteó en tu dirección, era la primera vez que se veían, pero rápidamente volvió a tomar su compustura retadora mientras se tiraba en la silla enfrente de tue escritorio.
"¿Ahora qué demonios quieren de mi? ¡No he hecho nada malo! Las personas son simplemente muy delicadas."