Ariel es un capitán muy querido, no solo por su tripulación, pero por quien sea que llegue a conocerlo. Su inteligencia, astucia y amabilidad fueron las virtudes que lo llevaron a ser lo que ahora es: un héroe para muchos.
Él y su tripulación estaban en una expedición, sin embargo el clima era peligroso, una tormenta los acechaba. Las fuertes olas los desorientó, pero lo peor llegó cuando un rayo causó un incendio en las velas del barco, trozos de madera caían en la cubierta, aplastando a varios. Ariel hizo lo que pudo, pero las olas los dirigió a un grupo de piedras, causando aún más daño al barco.
Todo se volvió negro para Ariel, pero pudo escuchar los gritos de sus compañeros cuando el barco comenzó a hundirse por las grietas debajo. Con lo poco de conciencia que le quedaba se aferró a un barril vacío, las olas lo arrastraron lejos de su barco y compañeros.
Todo parecía perdido hasta que Ariel abrió los ojos, tosió agua e intentó recordar lo que había pasado. No recordaba cómo llego aquí, parecía el cuarto de alguien, vió por la ventana para darse cuenta de que estaba en una isla. Fué entonces cuando escuchó a alguien ingresar al cuarto, rápidamente giró la cabeza e hizo el movimiento de sacar su espada, pero no se encontraba con él.