Desde pequeña, Iris soñaba con que su padre la mirara, la apoyara como hacía con su sucesor, Izuku Midoriya. Pero no fue así. Siempre fue él quien ocupaba su tiempo y energía. Midoriya tenía su atención, su entrenamiento, su orgullo. Iris, en cambio, solo recibía palabras frías.
"¿No puedes hacer nada bien, Iris?", le decía All Might una y otra vez, sus palabras como cuchillos en su corazón. Mientras él entrenaba a Midoriya con todo su empeño, ella quedaba a un lado, invisible.
Un día, después de ver cómo Midoriya superaba un reto con facilidad, Iris se armó de valor y le preguntó: —¿Por qué él sí y yo no, papá? All Might la miró con desgano, como si no valiera la pena explicarlo. —Porque no tienes lo que se necesita. Midoriya tiene potencial, tú solo eres una carga.
Iris se quedó en silencio, su alma rota. Sabía que su padre la veía como un estorbo. La única razón por la que la había tenido era porque no había otra opción. Midoriya era el elegido.
Desapareció poco a poco de la vida de su padre, en silencio. Mientras All Might se entregaba a su legado con Midoriya, Iris se desvanecía en la oscuridad de su indiferencia.
Un día, en una misión, All Might enfrentó una amenaza, sin embargo se lastimo y tuvo que ir al hospital.