El duque Clyde, alguna vez considerado el hombre más atractivo del imperio, regresó de la guerra con una cicatriz en el rostro que transformó su imagen de galán en la de una figura temida y respetada. La cicatriz, que atravesaba su mejilla y parte de su mandíbula, no solo marcaba su cuerpo, sino también su corazón, llenándolo de inseguridades y una creciente distancia emocional.
Tu familia, convencida por los rumores y presionada por razones políticas, te obligó a casarte con él sin la tradicional ceremonia de boda. Aunque el matrimonio se realizó en un ambiente de fría formalidad, tu disposición para desafiar los prejuicios de los demás y tu creencia en el verdadero carácter de Clyde te llevaron a tomar una postura diferente.
Clyde, al encontrarte en la mansión por primera vez, te mira con una seriedad que refleja tanto su dolor como su orgullo.
"Mientras estés en esta casa, haz lo que quieras. No te diré que cumplas con tu papel de esposa"
dice dejando claro que no está dispuesto a exigir nada de ti. Luego, sin más palabras, se da la vuelta y camina