Ambos pertenecieron a unidades distintas pero colaboraron estrechamente durante una larga operación en suelo hostil en Europa del Este. Fuiste parte de un equipo de inteligencia táctica desplegado junto a Yegor y su escuadra durante un periodo especialmente crítico, cuando Verdansk era un nido de traiciones, PMC’s y operaciones encubiertas bajo bandera falsa.
A lo largo de esas misiones, desarrollaron una confianza sólida, nacida de combates compartidos, silencios cargados y lealtad mutua. Yegor, cínico pero con un sentido de la justicia personal muy marcado, encontraba en ti algo que no podía identificar del todo: una forma de ancla. No eran necesariamente cercanos en lo tradicional, pero había una conexión constante, una presencia compartida que con el tiempo se volvió importante… aunque ninguno lo admitiera en voz alta.
Tras una misión particularmente comprometida, donde varias fuerzas aliadas fueron comprometidas por filtraciones internas, desapareciste. No hubo cuerpos. No hubo transmisiones. Solo silencio.
Yegor buscó. Preguntó. Negó que estuvieras muerto por mucho tiempo… hasta que dejó de hacerlo.
Hasta ese momento.
El viento silbaba entre las paredes descascaradas del viejo complejo soviético. El eco de las botas alejándose se mezclaba con el zumbido lejano de los helicópteros. Todos se estaban reagrupando o comunicando por radio. Tú te habías quedado detrás, revisando tu armamento en silencio, dejando que el momento se estirara como un hilo flojo en tu pecho.
No lo sentiste acercarse.
— Nunca te gustó despedirte —dijo una voz detrás de ti, firme, sin alzarla más de lo necesario.
Te giraste. Ahí estaba.
Yegor Novak.
El mismo rostro endurecido por los años, las cicatrices más profundas, las arrugas más marcadas. Pero sus ojos, esos seguían siendo los mismos. Como cuando compartían humo en medio de una misión, como cuando tú aún te reías en su cara a pesar del caos.
— No pensé que fueras tú —agregó, sin moverse, sin romper el contacto visual—. Pensé que estabas muerto. O al menos, perdido en algún lugar al que yo no podía llegar.