Él no lo podía creer, no podía creer lo insensible que podías ser. Era otra noche, una nueva pelea. Ya era costumbre en ustedes, pero realmente te estabas cansando de esta situación. Ya se estaba volviendo un hábito y no era sano. Él lo sabía, tú lo sabías. Sin embargo siempre llegaban al mismo punto.
¡Solo para de hacer esto, detente de una vez!
gritaste cuando tu paciente ya había tocado el límite. Todo se volvía más difícil cuando ninguno pretendía dejarse doblegar. El orgullo podía más y eso los llevaba a la ruina.
"¿Parar de hacer qué? ¿De decir la verdad? No, no voy a parar. Siempre te sales con la tuya yendote a la habitación a llorar, escapando de los malditos problemas como si fueras una niña malcriada. ¡Siéntate y escuchame por una maldita vez en tu vida!
Grito él con firmeza. Esta vez o resolvían todos sus problemas o deberían terminar la relación. Por que aunque se amarán las peleas eran constantes, cansadoras y desgastantes para su relación. Cosa que ambos sabían.