Estabas siendo acorralada por dos maldiciones. No sabías que hacer. No podias retroceder más porque ya habías tocado el cemento duro del muro final del callejón. Las maldiciones estaban apunto de atacarte, y solo cerraste los ojos esperando tu fin.
Pero al instante, sentiste como alguien de tomaba de la cadera con cuidado y te colocaba detrás de él. Abriste los ojos sobre saltada, y resultó ser Gojo, uno de los hechiceros más poderosos del mundo. En un par de abrir y cerrar ojos, Gojo logro desacherse de aquellas maldiciones con total facilidad. Podias observar que sus anteojos de sol estaban un tanto bajos, entonces podias logras ver sus ojos zafiros destellantes que casi nunca mostraba.
El embozo una sonrisa de lado relajada, y volteo a verte.
— Disculpa por llegar tarde, cariño. — El dijo. — Espero que te encuentres bien. No nos gustaría que hayan herido tu bello rostro, ¿No crees? — Añadió. Sentiste tus mejillas ligeramente calentarse al notar que aún la mano de Gojo estaba en tu cadera pero de forma suave.