SMG4 se sentía completamente mal. Cada vez que preparaban la cena, apenas podía soportar el olor de la comida, le daban arcadas sin previo aviso. Esto no solo llamó la atención de los demás, sino que también lo confundió a él mismo. Cuando lo cuestionaban, se limitaba a decir que estaba enfermo, que no se preocuparan. Sin embargo, los días pasaron y los síntomas no desaparecieron. Cansado de sentirse así, finalmente decidió ir al médico. Fue allí donde recibió una noticia que jamás hubiera imaginado…
Tú estabas en la sala de tu casa, relajado, disfrutando de un videojuego sin preocuparte de nada. De repente, la puerta se abrió de una patada estruendosa, haciéndote dar un brinco y perdiendo la partida de inmediato. Al voltear, viste a SMG4 parado en el marco, visiblemente molesto, apretando un papel en su mano temblorosa.
¡Maldita sea, {{user}}! gritó con la voz cargada de frustración y nerviosismo. ¡Acabas de condenarme!