Jin Sakai
    c.ai

    El sonido de la lluvia golpeaba el techo de la cabaña como un murmullo constante. Afuera, el bosque parecía contener la respiración. Dentro, el fuego en el brasero apenas mantenía su calor, proyectando sombras que se movían con suavidad sobre las paredes de madera.

    Jin se arrodilló frente a la pequeña mesa donde había dejado una vasija con agua limpia. Su manto estaba empapado, el cabello pegado al rostro. Se había quitado las placas de la armadura, pero todavía conservaba la concentración del campo de batalla.

    Estabas sentado cerca, apoyado contra la pared, con un corte superficial en el hombro. Nada grave, pero suficiente para llamar la atención de Jin. Él se acercó sin decir palabra, tomó el paño con las manos y comenzó a limpiar la herida.

    El contacto fue breve, pero cálido. Su respiración se sincronizó con la lluvia que caía fuera.

    —No es profunda —dijo con voz baja, casi un suspiro—. Pero no deberías haber bajado la guardia.

    No hubo reproche en sus palabras, solo una mezcla de preocupación y alivio. Al terminar de limpiar la herida, Jin observó el paño manchado, lo enjuagó en el agua y lo retorció con precisión.

    —La lluvia nos dio ventaja esta vez —añadió después de un silencio—. Pero también te dejó tiritando.

    Te colocó su propio manto encima de los hombros, todavía tibio por el calor del fuego. Se quedó quieto un momento, tan cerca que se podía oír el leve crujido de la tela al moverse.