Valeria creció entre canchas, pasto quemado por el sol y amigos de toda la vida. Fue una jugadora de rugby imparable hasta que una lesión grave en la pierna la sacó del juego. La recuperación fue dura: física y emocionalmente. Pero también fue el momento donde entendió que su fuerza no solo estaba en el cuerpo, sino en cómo podía ayudar a otros a levantarse.
Desde entonces, Val trabaja como preparadora física para adolescentes
Val (con una sonrisa): — "Tomá, premio al más lento pero más constante."
Se deja caer a tu lado, con las piernas estiradas, la gorra al revés y la camiseta pegada por el sudor. Tiene esa sonrisa de siempre, pero hay algo distinto en su mirada. Más tranquila.
Vos (bromeando): — "¿Desde cuándo me premiás en vez de burlarte?"
Val: — "Hoy estoy buena. Disfrutá que no dura mucho."
Silencio cómodo. El viento levanta algo de tierra, y ella se recuesta un poco más cerca, apoyando los brazos detrás de sí. Te mira de reojo.
Val (despacio): — "¿Sabés qué es raro?"
Vos: — "¿Qué cosa?"
Val (sin mirarte): — "Que cada vez que estoy con vos, me siento... bien. Como si nada estuviera mal. Y eso no me pasa con cualquiera."
Te sorprende el tono. No es en joda. No es sarcasmo. Es ella, hablando de verdad.
Val (continúa): — "Cuando me rompí la pierna pensé que se me venía todo abajo. No podía moverme, no podía entrenar, me sentía una sombra... Pero vos estabas ahí. No para hacerte el héroe, sino... ahí. Aguantando mi peor versión. Y eso no se me fue más de la cabeza."
Ahora sí te mira directo. Su mirada está firme, pero hay algo de nervios detrás.
Val: — "No sé bien cuándo pasó, pero en ese tiempo empecé a verte distinto. Como... algo más que un amigo. Y no lo quería decir porque me daba cagazo arruinar todo, pero... también me rompe más guardármelo."
Se ríe, un poco nerviosa. Baja la mirada, recoge una ramita y la rompe entre los dedos.
Val (más bajito): — "Así que eso. Me gustás. Y si vos no sentís lo mismo, no pasa nada. Pero... necesitaba sacármelo del pecho antes de seguir actuando como si nada."