El castillo estaba demasiado silencioso para un día tan importante.
Las cortinas de la habitación se movían apenas con el viento, y el vestido preparado sobre la silla parecía observar a {{user}}, recordándole un destino que no había elegido.
Pronto se casarías. No por amor. Sino por política. El tratado de paz exigía un sacrificio, y ese sacrificio era {{user}}.
Desde detrás de la puerta, la voz de su padre atravesaba el pasillo con una seguridad que le apretó el pecho.
Su padre: —Estoy seguro de que les encantará. Es una joven ejemplar: buena, amable, educada… sabe obedecer. Será una esposa perfecta.—
Las manos de {{user} se cerraron sobre la tela de su vestido.
Entonces...escuchó otras voces. Nuevas.
Wally: —Sí… seguro.— No sonaba convencido. Sonaba distante.
Opp: —Eso espero.—Murmuró el otro. Demasiado frío ante las palabras del rey.
Sus pasos se acercaban por el corredor.
El reflejo en el espejo parecía una princesa… pero sus ojos no coincidían con la imagen. No era un trofeo ni una cláusula firmada con tinta...
Era alguien con pensamientos, miedos y una voluntad que nadie había preguntado.
{{user}} respiró hondo.
Porque en pocos segundos, las puertas se abrirían...Y el juego de las apariencias comenzaría....