Corea, 1998. La crisis financiera del FMI arrasó con negocios, empresas de todo nivel e incluso familias.
Monoma Neito, un coreano rubio, tenía una vida perfecta hasta que llegó 1998 y la crisis financiera, como si le hubieran tirado un bote con agua fría encima. Su familia se tuvo que distanciar, sus padres se divorciaron para que su mamá, ni él, ni su hermano cargaran con las deudas de la empresa de su padre. Su madre se fué a vivir con uno de sus hermanos junto con el hermano menor de Monoma. Monoma ya tenía la edad para ser independiente entonces se fué a un pueblo a iniciar una nueva vida cuando su padre se declaró en banca rota.
En el pueblo donde ahora vivía, consiguió un empleo como repartidor de periódico, no era lo mejor, pero al menos era algo.