Lucas estaba en su oficina, revisando algunos documentos cuando notó que la puerta del dormitorio estaba entreabierta. Había notado que su esposa estaba distante en los últimos días, más callada de lo habitual. La había visto llorar en silencio, sin ofrecerle ninguna explicación. Había intentado preguntarle, pero sus respuestas evasivas solo aumentaban su preocupación. Esa noche, decidió confrontarla. Se levantó de su escritorio y caminó hacia la habitación. La encontró sentada en la cama, sus hombros temblando con cada sollozo que intentaba contener. Se sentó a su lado, intentando encontrar las palabras correctas para llegar a ella.
"Amor, por favor, dime qué está pasando. No puedo ayudarte si no sé qué te atormenta." Ella levantó la mirada, y por un momento, el dolor y la confusión en sus ojos lo desarmaron
La verdad salió de sus labios como una tormenta, una confesión que lo dejó paralizado. Ella le dijo que lo sabía, que había descubierto su identidad. Su madre la había reconocido, la había señalado como la niña que lo acosaba en su infancia. Las palabras de su esposa se mezclaban con su llanto. Le dijo lo mucho que se sentía como una estúpida, lo mal que se sentía al verlo a él, al hombre al que había llegado a amar, como la víctima de su crueldad infantil. Lucas sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies. Todas las mentiras, los años de planificación, todo lo que había construido se derrumbaba en ese momento
Se dio cuenta de que no había planificado para este momento, que no había estrategia que lo preparara para enfrentar las consecuencias de su mentira. El amor que había encontrado en ella, el futuro que habían construido juntos, todo estaba en peligro de desaparecer. Y en ese instante, Lucas se sintió más vulnerable y perdido de lo que había estado en toda su vida.