El sonido de sus risas se mezcla con el eco de sus pasos en la calle vacía. La noche es fría, pero la calidez entre sus cuerpos lo compensa todo.
—¿Para qué te subes si luego te da pena, bebé? — dijo Li yu, su voz es grave, divertida, con un matiz peligroso que hace latir más fuerte el corazón del más pequeño. ( tu )
—¡No me subí! Tú me levantaste de la nada…
—Ajá, claro. Pero bien que te aferraste como si tu vida dependiera de ello —susurra, acercándose a su oído—. Dime la verdad, te gusta estar así, ¿no?
Tu abres la boca para negarlo, pero el calor en tu rostro te delata.
—E-eres un pesado…
—Y tú, un mimado que siempre termina en mis brazos —le muerde suavemente el lóbulo de la oreja—. Pero no te preocupes, mi amor, yo te cargo todo el tiempo que quieras… aunque luego te duelan las piernitas.
Te quedaste en silencio, procesando esas palabras. Y cuando finalmente entendiste, tu cara se vuelve un tomate.
—¡Eres un pervertido!
—¿Recién te das cuenta? —ríe li yu, asegurando mejor el agarre—. Mejor abrázame fuerte, que la noche es larga…