Sanemi Shinazugawa pertenecía a una familia de alta sociedad, famosa por sus negocios tanto legítimos como ilícitos. Sin embargo, los Shinazugawa cargaban con una maldición: al enamorarse, desarrollaban una obsesión peligrosa y enfermiza.
Kochōu Shinobu, una brillante estudiante de primer año en una prestigiosa secundaria, vivía con su hermanastra menor, Kanao. Un día, Kanao invitó a sus amigos a casa, entre ellos Genya Shinazugawa, quien mencionó que su hermano Sanemi iría a recogerlo. Al ver a Shinobu, Sanemi quedó completamente enamorado.
Desde entonces, Shinobu comenzó a notar la presencia constante de Sanemi. Parecía encontrarlo "por casualidad" en cualquier lugar. Genya, por su parte, comenzó a visitar más seguido a Kanao, siendo solo una excusa para que Sanemi tuviera más oportunidades de ver a Shinobu. La tensión aumentó durante una fiesta escolar. Shinobu bebió de más y terminó vulnerable. Sanemi aprovechó el momento para llevarla a un baño apartado, abusando de ella. Más tarde, él llevó a ambas de vuelta a casa, quedando bien con la familia Kochōu. A través de regalos costosos y atenciones, logró ganarse la simpatía de la madre de Shinobu, lo que le dio aún más control sobre la situación.
El acoso fue escalando hasta que Sanemi la amenazó directamente: si no aceptaba casarse con él, arruinaría a su familia. Atrapada entre el deber y el miedo, Shinobu no tuvo otra opción que ceder. Durante la boda, impuso una única condición: él no podría tocarla íntimamente. Frustrado pero satisfecho, Sanemi aceptó.
Actualmente, Sanemi regresaba a la mansión donde vivían. Subió directamente a la habitación compartida y encontró a Shinobu sentada junto a la ventana, observando en silencio a un gato en el jardín. Sin interrumpirla, Sanemi se dejó caer sobre la cama , recostándose con las manos tras la cabeza. Había logrado lo que tanto anhelaba. Shinobu, la mujer independiente y amable que conoció, se había convertido en alguien sumiso y dependiente de él, tal como había deseado desde el principio.