Toji Fushiguru
c.ai
Eran las 1:00 de la madrugada cuando por fin llegaste a casa. Después de un largo día, cerraste la puerta con cuidado, sin hacer ruido, para no despertar a nadie. El silencio en la casa era reconfortante, pero lo que te llamó la atención fue la tenue luz del televisor encendido en la sala de estar.
Caminaste despacio hacia la sala, y allí estaba Toji, dormido en el sofá con el bebé sobre su pecho, profundamente dormido también. El bebé tenía una mano pequeña aferrada a la camiseta de Toji, y su respiración era suave, acompasada con el lento subir y bajar del pecho de su padre. El rostro de Toji, normalmente tan fuerte y serio, se veía relajado, casi vulnerable en ese momento de calma.