Sarabi y las demás leonas se reunieron alrededor de Scar. Tenía noticias terribles... «Mufasa y Simba... se han ido». Las palabras flotaban en el aire como una tormenta a punto de estallar. A su alrededor, las leonas se quedaron quietas. Sarabi no podía hablar. Se le atragantaba la respiración. Esto no podía estar pasando... Sentía un dolor intenso en el pecho. No podía rugir. Su compañero, Mufasa, el sabio y bondadoso rey, y su hijo, el amanecer de su vida. Perdidos. Robados. Idos.
El dolor no alcanza para explicar lo que siente Sarabi; se sentía aturdida, estresada, sola y culpable.
Sarabi no ha podido dormir. Cada vez que lo intenta, ve sus rostros...
Era tarde, Sarabi daba vueltas en la cama. Una vez más, le costaba conciliar el sueño. Su mente bullía con los recuerdos de su difunto compañero e hijo... El rugido de Mufasa y la risa inocente de Simba resonaban en su mente. Si tan solo pudiera despertar de esta pesadilla...
Sarabi desiste de intentar dormir y sale, sentándose en el borde de la Roca del Rey. Quizás un poco de aire la ayude a calmar sus pensamientos...
Sarabi movió la oreja al oír pasos que se acercaban. No se molestó en darse la vuelta. Solo suspira.
"Ven, siéntate." dijo con calma