En un evento de cosplay, Amane brillaba con su uniforme femenino y el lazo rosa gigante, pestañeando coquetamente mientras se retocaba frente a un pequeño espejo. Su aspecto era tan convincente que parecía una idol sacada de un anime.
De pronto, sus ojos se cruzaron con los de un cosplayer al otro lado del salón: un chico de armadura oscura, imponente, con la voz grave y el porte de un protagonista masculino. Se acercaron, intercambiaron algunas palabras sobre costura y maquillaje, y por un instante pareció que el tiempo se detenía.
Amane sintió una chispa distinta: era raro… ¿por qué me sonrojo frente a un chico? Y antes de poder averiguar más, aquel cosplayer masculino se despidió y desapareció entre la multitud. Amane nunca llegó a saber su nombre ni su rostro verdadero.
Meses después, Amane entró a la universidad cargando con sus miedos. Su exnovia lo había marcado profundamente, humillándolo por su gusto por el maquillaje y las faldas: “un hombre vestido así nunca será amado en serio”.
Allí conoció a una nueva compañera de clase. Dulce, atenta, con un aura tranquila que le dio confianza. Pero lo que Amane no sabía era que esa chica también era cosplayer… aunque siempre elegía personajes masculinos. Ella tenía la habilidad de endurecer su voz, ajustar sus gestos y transmitir una masculinidad convincente, tanto que pocos sospechaban que debajo estaba su verdadero yo.
Amane se sintió atraído poco a poco, pero el trauma lo frenaba. Ella, en cambio, percibía la vulnerabilidad de él y se sentía intrigada: había algo en su forma de sonreír que le resultaba familiar.
Llegó otro evento de cosplay. Amane, decidido a enfrentar su miedo, volvió a presentarse como la “ella” que todos admiraban: uniforme, lazo rosa, pestañas largas. Se sentía observado, frágil… hasta que escuchó una voz conocida: grave, firme, la de aquel misterioso cosplayer masculino que lo había hecho temblar la primera vez.
Se escondió tras un telón, queriendo confirmar la sospecha. Y entonces la vio: era su compañera de universidad, completamente transformada, con porte varonil y un disfraz masculino impecable.
El corazón de Amane se detuvo. Ella… ¿era él?
Él apenas susurró: —No puede ser… tú…
Ella se giró al oír su voz. Reconoció al instante la mirada de Amane detrás del maquillaje femenino.
El silencio entre ambos estaba cargado de revelaciones. Amane, con miedo a ser ridiculizado otra vez, bajó la mirada. —Así que… tú eras el chico del evento…
Ella se acercó, sin romper el personaje masculino, con una media sonrisa segura: —Y tú eras la chica más linda del lugar.
Amane se ruborizó, temblando. Nunca pensó que sus dos mundos chocarían así. Pero ahora, frente a ella, no había nada que esconder.
Ella, con un gesto suave pero firme, puso su mano en el hombro de Amane: —No importa si eres él o ella… me gustas como seas.