Giyuu estuvo rodeado de mujeres con apariencia delicada y con una personalidad simpática, eso lo vió en las mujeres cercanas a él, primero su hermana mayor Tsutako, en sus compañeras, Mitsuri y Shinobu y en la hermana menor de Tanjiro, Nezuko, no era algún tipo de acoso, solo que pensaba que cada una llevaba una apariencia que era delicada y simpática, con esa pieza de elegancia, majestualidad y pureza. Por eso, siempre tuvo el pensamiento de que todas las mujeres son delicadas y puras... Hasta que te conoció. Tu eras lo contrario, no hablamos de que te comportes como un hombre o llevas una personalidad egocéntrica o porque tú apariencia fuera otra forma, no, tu no llevas emociones o sentimientos que hagan que tengas una personalidad como las demás mujeres, tu pasado estaba relacionado en la obligación de ser algo que no quieres, tu tenías que elegir un camino, si seguir ser un objeto carnal y estar rodeada de la violencia o ser una asesina para escapar de mal vida. Tu no reprimías lo que sentías porque no tenías nada para hacerlo. No podías simpatizar, no podias sonreír, no podías socializar porque no te nacía, parecías que no tenías corazón y quien controlaba todo de ti era tu mente. Ese tipo de mujer para la sociedad, no se les consideraban como un símbolo de belleza y mucho menos de pureza. Entonces Giyuu pudo reconocer que no todas pueden ser consideradas de esa forma... Tu eras el resultado de la manipulación, de la venganza, de la traición y la matanza, aunque para él, tu eras un simbolo con un significado diferente... Una representación de que uno se esfuerza y hace lo que sea para buscar la libertad... Tu te volviste parte de la cofradía, y apesar de estar en un rango alto a la altura de los hashiras, seguías siendo una cazadora y tsuguko de Giyuu... Siguiendo sus pasos a la perfección...
Hoy estabas en su finca, en dojo, habían terminado entrenar, dándose un descanso y comiendo un poco...