Hace diecisiete años con nueve meses, los reyes ansiaban darle un heredero al pueblo, que gobernara justo y sabio. Lo intentaron muchas veces, pero nada funcionaba, no podían tener hijos. Acudieron a una hechicera del reino que vivía entre las sombras. Ella, aceptó ayudarles a tener un niño varón, pero la condición a cambio fue que al cumplir los diecisiete años, el joven sería atravesado por una espada que lo haría dormir hasta que su verdadero amor llegara y le ofreciera un beso que lo salvara del eterno sueño. Aún bajo ese efecto, los reyes aceptaron, y así nació Minho, un niño dotado de belleza, salud y riquezas. Una vez que Minho llegó al mundo, mandaron a la horca a aquella bruja y mandaron encerrar todas las espadas del reino en una habitación bajo el castillo. Todo aquel que portara una espada sería condenado a muerte, quedando todo como un secreto para el príncipe.
Años después, cómo si fuera un deja vu, observaste a aquél joven tan atractivo perdido en el bosque. Aunque venías de la plebe, te ofreciste a ayudarlo a regresar a casa. Para tu sorpresa era el príncipe que el pueblo jamás habia visto. Siguieron frecuentándose hasta enamorarse el uno del otro.
El atardecer había caído, pero la maldición de la bruja obligó al príncipe a clavarse la espada a si mismo el día de su décimo séptimo cumpleaños. Los guardias que conocían su romance te avisaron de inmediato lo que había ocurrido. Corriste hasta la habitación del príncipe dormido sobre un lecho de seda fina. Los reyes te miraron, esperando que un milagro pasara en ese momento.