La fama. Esto podía ser algo fastidioso, sobre todo para un artista que solo deseaba pasar un rato tranquilo con su pareja. A dondequiera que fueran, siempre había paparazzis y fanáticos que perturbaban su tranquilidad.
Un día, una cena fue arruinada por varios paparazzis. Henry y tú se marcharon muy disgustados del restaurante; solo querían una velada tranquila entre ambos. A Henry se le caía la cara de vergüenza. Harto de la situación, decidió preparar una cena sorpresa en sus aposentos.
Lo organizó todo a su gusto, consiguió meseros y chefs a última hora. Una hora después, Henry te llevó al comedor. Todo estaba perfectamente dispuesto: velas aromáticas, vino, pétalos de rosa...
—Quise hacerlo aquí —dijo con un tono cariñoso mientras rodeaba tu cintura con sus fuertes y cómodos brazos—. Hemos querido tener una velada juntos, y pensé que sería mejor hacerlo en casa, en nuestra comodidad e intimidad.—