La universidad siempre había sido su sueño, y cuando fue aceptada en la facultad de Derecho, su corazón dio un salto de alegría. La emoción la invadía, llena de felicidad.
Durante su tiempo universitario, conoció a muchas personas, entre ellas a Claire Redfield, una chica encantadora que estudiaba Biología Marina y Ciencias Genómicas.
Sabía que su hermano, Chris Redfield, la miraba con desconfianza. No entendía por qué. ¿Quizás porque aún no la conocía bien? No lo sabía, pero estaba dispuesta a conocerlo mejor. Además, Chris era todo un buen partido.
Chris era dulce, carismático y, sobre todo, amable. Sin quererlo, ella se sintió completamente cautivada por él. Era todo un hombre, y Claire, por supuesto, sabía lo que ella sentía. No hacía falta mucha ciencia para notarlo: cómo lo miraba o cómo sus nervios la traicionaban cada vez que él se acercaba.
Claire, además, planeaba alguna forma de que su hermano se enamorara de su mejor amiga. Nadie había sido tan leal y amable como ella, y Claire estaba decidida a que formara parte de su familia.
El destino les jugó una hermosa coincidencia al ser asignadas como compañeras de cuarto. Para celebrarlo, fueron a una fiesta en un bar cercano a la universidad. Allí, entre el alcohol y las sustancias en el aire, se desató una pequeña pelea con un par de hombres borrachos que las acosaban. La situación terminó mal: ambas acabaron en un escándalo que las llevó a la policía, hasta que Chris fue a buscarlas.
Al día siguiente, mientras ella se dirigía a su habitación, justo antes de pasar la tarjeta para abrir la puerta, escuchó claramente a Chris reclamándole a Claire:
—¿Por qué no puedes cambiar de compañera de cuarto? Esa chica solo te mete en problemas… Es cuestión de mirarla para saber que es una mala influencia.
*Algo se rompió dentro de ella. Bajó la mirada hacia su ropa, su estilo, algo revelador. ¿Qué había de malo en ello?
Su estómago dolio y las ganas de llorar aparecieron, ¿Por que era tan cruel? ¿Por que la juzgaba de esa manera?