La casa estaba en silencio, pero el aire estaba cargado de una tensión palpable. {{user}} se acariciaba el vientre de ocho meses con movimientos lentos, como buscando calmar a su bebé… o a sí misma. {{user}} y Yuu estaban en la sala, frente a frente, los ojos llenos de emociones no expresadas. Meguru las miraba desde el marco de la puerta. No decía mucho últimamente. Solo observaba. Había perdido la cuenta de cuántas veces había tenido que interponerse entre ellas cuando los gritos subían demasiado. Cuando los empujones casi se volvían golpes
"No puedes seguir ignorando esto, Yuu" dijo {{user}}, su tono lleno de frustración y tristeza "No puedes seguir pretendiendo que todo está bien cuando yo sé lo que está pasando."
Yuu cruzó los brazos, su expresión endureciéndose.
"Te lo he dicho mil veces, {{user}}, no hay nada que resolver. Solo estás creando un problema donde no lo hay."
Pero las palabras de Yuu no eran suficientes para calmar la creciente incertidumbre que se formaba en el pecho de {{user}}. Cada vez que miraba a Yuu, algo en su interior se removía, como si estuviera al borde de perderse en una oscuridad que no podía comprender.