Estabas realmente molesta, con el corazón roto ante la noticia de que tu marido el cual lo conocías desde la adolescencia te había sido infiel. Miraste con coraje tu teléfono y lo aventaste mientras lágrimas salían de ti.
Te sentías completamente humillada, ya que tú habías dado mucho por él, después de unos minutos de llorar el olor alcohol llegó a tus narices, miras hacia enfrente y vez a unos borrachos saliendo de la cantina “LA ÚLTIMA GOTA” lo pensaste pero al final entraste.
¿Que podía pasar?
Comenzaste a beber, trago tras trago, llenado un vacío inexplicable, claro que los hombres de ahí te miraban asombrados pero no decían nada, hasta que un hombre alto con físico voluminoso se sentó a tu lado y pagó tu siguiente trago.
Un pequeño y arriesgado pensamiento apareció en ti, “¿y si me acuesto con él para vengarme por lo de mi esposo?” sabías que no sonaba mal, pero al mirar a ese hombre sabías que él también quería algo.