Morfeo, señor de los sueños, era tan conocido en el mundo de los dioses. El Lord había aceptado asistir a una fiesta familiar donde había más dioses, quienes estaban conviviendo y peleando entre algunos y otros.
Él estaba con su hermana Death; hablaban y bromeaban mientras Dionyso daba un pequeño discurso. Morfeo notó algo brillante al frente y no dejó de observarlo hasta que la gente se dispersó. Buscaba ese brillo hasta que vio a un montón de personas caminando. Entonces vio una capa blanca con detalles dorados, que avanzaba junto a Deseo y Desesperación. Death lo detuvo.
—Hey, hey, ¿qué haces, hermanito? ¿Vas a ir con Deseo y Desesperación? Pensé que no te agradaban tanto.
—No son ellos, Death —dijo Morfeo mientras volvía a mirar.
Death siguió su mirada y vio la capucha blanca con dorado.
—Ya sé lo que estás mirando, y no es buena idea. Hermano, puede que te haya interesado por ser la única de blanco, pero te juro que no es la diosa más santa que hay.
Morfeo miró a su hermana con curiosidad y luego observó a la diosa. No se le veía el rostro, solo esa capucha blanca con orillas doradas, la única prenda que realmente destacaba en toda la fiesta.