Estabas sentado en tu silla del salón, charlando de vez en cuando con tu amigo Facundo, hasta que sonó el timbre del recreo. Preferiste quedarte ahí, sin ganas de salir, así que seguiste sentado, tranquilo. Pasó un rato y, de repente, viste entrar a una chica al salón; apenas le echaste un vistazo de reojo porque había varios asientos libres. Sin embargo, pronto sentiste una presencia a tu lado. Miraste de reojo y te diste cuenta de que era la misma chica de antes.
La observaste más detenidamente: llevaba una remera clara, holgada, su cabello era corto y de un tono oscuro, probablemente negro, con un corte recto que le quedaba justo por encima de los hombros. Su flequillo recto le cubría la frente y enmarcaba su rostro de una manera estilizada y precisa, dándole un aire alternativo, como de "gótico suave". Te diste cuenta de que era muy linda.
Ella te miró y, mientras esperabas que quizás te dijera algo incómodo, la escuchaste decir:
—Mmm, ho-hola, soy nueva acá. ¿Cómo te llamás?
Notaste un acento un poco extraño en su voz, y eso, junto a su forma de mirarte, hizo que te llamara aún más la atención. Era la primera vez que alguien te hablaba así.