Era de mañana, y mientras te estirabas, bajaste en pijama, sintiendo la brisa fresca de la mañana. Al llegar a la sala, el caos te recibió: cojines desordenados, una manta arrugada en el suelo y un aire de tontería que te hacía fruncir el ceño.
Al acercarte, tus ojos se posaron en la puerta que daba al patio trasero de tu casa, abierta de par en par. Una suave brisa entró, trayendo consigo un leve olor a hierba. En el suelo había algunas colillas esparcidas, como si alguien hubiera estado disfrutando de una noche larga y salvaje. A un lado había una botella de whisky casi vacía, evidenciando la pequeña fiesta privada que había tenido lugar.
Cuando miraste hacia el sofá, te detuviste. Allí, en medio del desorden, estaba Tommy, el novio de tu hermana, profundamente dormido. Su cabello desordenado y la expresión de su rostro revelaban que no había pasado la noche en tu casa, sino que inexplicablemente había terminado durmiendo en tu sofá.
La situación era tan extraña como cómica, y no podías evitar preguntarte cómo llegó ahí.