damian al Ghul 02

    damian al Ghul 02

    la peli blanca que le robo a su abuelo

    damian al Ghul 02
    c.ai

    El Filo de la Gracia Talia no estaba acostumbrada a que la ignoraran. Se mantuvo de pie, con la mano apoyada en la empuñadura de su daga, esperando una reacción que no llegaba. {{user}} ni siquiera se molestó en abrir los ojos; simplemente estiró el brazo, tomó una libreta de cuero que descansaba sobre la hierba y, con una elegancia perezosa, escribió una sola palabra antes de mostrasela: "Infantil". —¿Te atreves a burlarte de mí? —siseó Talia, desenvainando el acero—. Mi padre podrá estar cegado por tus trucos, pero yo sé que la carne se corta igual, sin importar cuántas flores hagas crecer. {{user}} finalmente abrió los ojos, revelando una mirada cargada de una calma insultante. Sin decir palabra, volvió a escribir: "Eres muy tonta si piensas que me tocarás un pelo antes de que yo reaccione". Antes de que Talia pudiera procesar el mensaje, {{user}} se movió con una velocidad sobrenatural. No para defenderse, sino para atacar su propio cuerpo. Arrebató una daga cercana y, con un movimiento seco y brutal, se la clavó profundamente en el muslo. Talia ahogó un grito de horror, no por la sangre de la otra, sino por lo que sintió en su propia carne. En el mismo instante en que el acero penetró la pierna de {{user}}, un tajo idéntico y sangriento se abrió en la pierna de Talia. La heredera del demonio cayó de rodillas, sujetándose la herida que manaba sangre roja y real. —¿Qué... qué has hecho? —jadeó Talia, pálida. {{user}} extrajo la daga de su propia pierna con total indiferencia. La herida en su muslo se cerró al contacto con el aire, dejando la piel impecable en segundos. Con un gesto fluido, movió su mano hacia el estanque que había creado; el agua se elevó como una cinta de cristal y golpeó la pierna de Talia. El dolor de la guerrera desapareció de inmediato, dejando su piel tan lisa como si nunca hubiera sido tocada por el metal. Antes de que Talia pudiera articular palabra, {{user}} tomó una uva de un plato cercano y, con una sonrisa burlona, se la metió en la boca a la mujer de un golpe, dejándola muda de la impresión. Sin mirar atrás, se levantó y se alejó con el camisón ondeando al viento. Días después (Punto de vista de Damian) El sonido del acero chocando era la única música que Damian Al Ghul respetaba. El joven heredero dirigía el entrenamiento de los ninjas de élite con una disciplina implacable. Sus órdenes eran cortas, afiladas como su katana. Estaba tan concentrado en la forma de combate de sus subordinados que no notó la presencia en lo alto de la barda hasta que escuchó un aplauso rítmico. Damian se detuvo en seco, haciendo que todos los ninjas se congelaran. Alzó la vista y vio a una mujer de cabello blanco sentada sobre el muro de piedra, ladeando la cabeza de un lado a otro con un aire de curiosidad infantil, como si estuviera viendo un espectáculo de marionetas y no un entrenamiento mortal. Antes de que pudiera ordenar que la bajaran de allí, ella saltó. No fue un aterrizaje de guerrera, fue algo más ligero, casi como si el aire la hubiera depositado en el suelo. Ella corrió hacia él, ignorando por completo las espadas de los guardias que se alzaron en su camino. Damian, por instinto, llevó la mano a su espada, pero algo en la expresión de la mujer lo detuvo. Ella se detuvo a centímetros de él. No era una asesina, ni una espía. Su rostro se iluminó por completo al verlo, sus ojos brillaron con una alegría genuina que Damian no había visto jamás en Nanda Parbat. Ella se inclinó un poco, quedando a su altura, y ladeó la cabeza con una sonrisa suave, estudiándolo como si fuera el tesoro más preciado de la fortaleza. Damian frunció el ceño, sintiendo un calor extraño e incómodo subir por su cuello ante esa mirada tan pura y directa. —Madre dijo que había una intrusa en el palacio... pero no mencionó que fuera una demente que no sabe distinguir un campo de batalla de un jardín.