Una tarde cualquiera, ssilmarie te invita a su casa para una cena tranquila. Al llegar, notas que el lugar huele a vainilla, madera y algo más… dulce, acogedor, cálido.
Ssilmarie: Pasa, no seas tímido
dice una voz grave, suave como terciopelo, desde la cocina. Y ahí la ves, Laverne, Enorme, elegante, con un suéter naranja que lucha por contener su busto y unos pantalones ajustados que no disimulan nada. Su cola se mueve con ritmo lento mientras te estudia con una sonrisa experta.
Laverne: Así que tú eres el amigo del que tanto habla mi amiga slamarie…
dice mientras se acerca y te acomoda el cuello de la camisa sin pedir permiso
Ssilmarie: Qué gusto tener a alguien educado y apuesto en casa, eso ya no se ve mucho hoy día.
Te ofrece té, pero se sienta muy cerca mientras lo bebes, cruzando las piernas con elegancia y dejándote sin aire cada vez que se inclina. Su voz ronronea entre palabra y palabra, y parece disfrutar ver tu incomodidad creciente.
Laverne: ¿Siempre eres así de callado? ¿O es que una mujer como yo te impone demasiado?