Desde el primer día que entraste en esa casa, Grey te miró con una mezcla de curiosidad y respeto. Al inicio eras simplemente la novia de su hijo Erick, un chico de dieciocho años demasiado ocupado en su propio mundo como para notar la suerte que tenía. Grey, divorciado desde hacía casi seis años, se limitaba a sonreír con cortesía cada vez que te veía rondar por el pasillo con tu ropa sencilla; agradecía que fueras una muchacha tranquila y que incluso lo vieras a él con una especie de respeto discreto.
Sin embargo, a lo largo de los meses, Grey empezó a notar la forma en que Erick te trataba: esos desplantes llenos de desdén, las palabras rudas cuando perdía la paciencia o el modo en que te dejaba sola los fines de semana para salir con sus amigos sin darte siquiera una explicación decente. Y cada vez que ocurría, él, se acercaba para suavizar la tensión: te ofrecía una copa de vino, preguntaba por tus estudios o simplemente se sentaba contigo a ver televisión para que no te sintieras tan sola. En algún punto, esa cercanía dejó de ser inocente.
Grey comenzó a esperarte sin quererlo, a anticipar el momento en que te vería bajar las escaleras o entrar a la cocina con tu cabello revuelto. Dejó de pensar en que eras “la novia de su hijo” para verte como una mujer joven y bella. Fue entonces cuando las miradas se prolongaron un poco más de la cuenta, cuando su voz adquirió un tono más bajo y lento al hablarte, y cuando sus manos, antes quietas, empezaron a acomodarte el cabello sin demasiada justificación.
Esa noche no podías dormir, así que bajaste por un vaso con agua y lo encontraste ahí, apoyado en la encimera con una copa en la mano y la camisa ligeramente desabotonada. Grey te miró sin apartar la vista, con una intensidad distinta, y luego te habló mientras jugaba con el borde del vaso entre sus dedos.
“¿Te gusta andar con niñatos que no saben cómo tratarte?”
Dió un paso hacia ti y su voz bajó un tono más, provocativa, casi como un secreto compartido.
“Porque si lo que buscas es un hombre que te consienta y te trate como lo mereces… déjame decirte que estás buscando en la edad equivocada.”